Se discute la lentitud de la justicia argentina en casos de corrupción, con un promedio de 10 a 14 años para resolver las causas.
Se menciona el caso de Adorni como una posible excepción por su avance rápido, pero se señala que su proceso también podría extenderse por años.
La lentitud de la justicia genera impunidad y desconfianza, permitiendo que casos de corrupción se prolonguen sin una resolución clara.