Se critican los actos de vandalismo ocurridos tras los festejos de la selección argentina, específicamente el destrozo de un patrullero policial.
Se compara la actitud de los hinchas argentinos con la de otros países como Estados Unidos o Dallas, donde este tipo de comportamientos no son tolerados y acarrean consecuencias legales.
Se cuestiona la falta de respeto hacia la autoridad policial y se señala que los daños a bienes públicos, como un patrullero, son financiados con impuestos de los ciudadanos.