Se destaca la intensidad de Ernestina en sus relaciones, tanto con el público como con su hijo Benicio, dejando una marca imborrable en él.
A pesar del dolor por la pérdida de su madre, se señala que Benicio tiene mucho para rescatar de ella, incluyendo su fuerza y resiliencia ante las adversidades.
Se enfatiza que Ernestina fue una "madraza", una figura presente y amorosa que marcará la vida de su hijo, brindándole herramientas para enfrentar sus propios obstáculos.