En Sudáfrica, un profundo descontento social se manifiesta a través de movilizaciones con raíces complejas, que van más allá de una única explicación. La falta de atención gubernamental hacia la población vulnerable, la corrupción y la incapacidad para generar empleo han avivado el malestar general.
Esta situación se agrava ante la proximidad de las elecciones municipales, lo que sugiere una posible utilización política de estas protestas. Diversos partidos políticos estarían capitalizando el discurso xenófobo y la acción ciudadana para avanzar en sus propios intereses electorales.
Las expresiones xenófobas, aunque existentes desde hace tiempo, han cobrado una nueva dimensión desde 2022, volviéndose más organizadas y lideradas por movimientos de ciudadanos sudafricanos. Estos grupos toman la iniciativa en la implementación de medidas que consideran debería ejecutar el gobierno, como el control de accesos a clínicas y escuelas para identificar a personas sin documentación, normalizando así la xenofobia.
Expertos señalan que estas acciones xenófobas combinan frustración, populismo e impotencia, y se dirigen específicamente contra migrantes africanos, a quienes se culpa de los problemas sociales y económicos del país. Se debate si estas acciones constituyen racismo o "afrofobia", una internalización del desprecio hacia un grupo racial específico.