Jennifer Domínguez relata cómo, tras ser rescatada de los escombros de su casa en Venezuela, descubrió que todo lo que quedaba había sido saqueado.
Explica que, al regresar a su casa al día siguiente, no encontró nada. Su exesposo y su hija la habían llevado a casa de familiares, pero al volver, todo había desaparecido. Menciona que sus hijos están yendo y viniendo de casas de familiares debido a la inseguridad.
Jennifer muestra las heridas en sus manos, secuelas del terremoto y el derrumbe, y reflexiona sobre las "heridas invisibles" que deja la tragedia. A pesar de la pérdida material, su principal preocupación son sus hijos y la fe en Dios como motor para seguir adelante.
Actualmente, Jennifer se encuentra durmiendo en una carpa junto a su hermana, cuñado, sobrino y pareja, ya que su casa colapsó y su familia en el extranjero no puede ayudarla directamente. Expresa su desconfianza en el gobierno y su deseo de unión y empatía entre los venezolanos.