En Líbano, el frágil alto el fuego no ha devuelto la tranquilidad a la población, que enfrenta un elevado costo de vida y las secuelas del conflicto. Muchas personas, como Carmen, una profesora de 75 años, se ven obligadas a seguir trabajando debido a la imposibilidad de jubilarse, mientras que otras dependen de la ayuda humanitaria para cubrir sus necesidades básicas.
Las organizaciones de ayuda distribuyen ropa a precios simbólicos, ofrecen atención médica primaria y entregan paquetes de alimentos. Las tiendas también reflejan la crisis económica: los precios han aumentado, los clientes compran menos y muchos se ven obligados a endeudarse para poder adquirir productos esenciales. El futuro de Gaza sigue siendo incierto, con ataques israelíes que no cesan y una población que lucha por sobrevivir entre bombardeos y desplazamientos.