Se enfatiza que las promesas de Dios son grandísimas y se vuelven realidad. Jesús, al irse al cielo, prometió enviar la promesa del Padre, que es el Espíritu Santo. Tener la promesa del Espíritu Santo significa tener a Dios y el poder de Dios en la vida.
Con el poder y la unción de Dios, se puede liberar a los oprimidos, ya que la unción rompe los yugos de esclavitud. Se recuerda que Dios conoce nuestras necesidades y que debemos confiar en Él.