Se analiza el "modo queja" como un rasgo social, especialmente en Argentina, donde se considera a los porteños como melancólicos y quejosos, comparando esta actitud con la esencia del tango.
Se advierte que la queja genera cortisol y hormonas del estrés, afectando la ansiedad, el descanso y el bienestar general. Se propone una actitud de vida agradecida, reconociendo las cosas buenas que suceden, como una forma de "hackear el cerebro" y cambiar la perspectiva.