Francisco Soto, sobreviviente del terremoto en Venezuela, relata la angustia de estar atrapado 17 horas bajo los escombros junto a su esposa. La debilidad física y la desesperación eran constantes, pero se aferraban a la vida pensando en sus hijos y padres.
Soto describe el momento en que encontraron los teléfonos, la falta de señal y la idea de grabar un video de despedida. La claustrofobia de su esposa y la oscuridad aumentaban la tensión. A pesar del dolor y la agonía, la fortaleza de su esposa y la esperanza de volver a ver a sus hijos lo impulsaron a seguir luchando.
El material perdido es secundario ante la vida. La prioridad de Francisco es su salud, ya que necesita operarse de una fractura abierta en la pierna. Su hogar y lugar de trabajo quedaron devastados, y actualmente se aloja con su madre en Caracas.