La devastación en La Guaira, Venezuela, tras un terremoto es inabarcable. Edificios de nueve pisos colapsaron por completo, dejando a miles de personas sin hogar y en situación de extrema precariedad.
Las imágenes más repetidas son las de la gente haciendo largas filas para conseguir agua, comida y medicamentos. Elotes interminables se forman en parques, plazas y estacionamientos, evidenciando la magnitud de la crisis humanitaria.
La situación sanitaria se agrava con el calor extremo, que provoca la descomposición de los cuerpos y aumenta el riesgo de epidemias. El ejército argentino colabora con duchas de desinfección, pero la tarea es ardua y peligrosa, con rescatistas trabajando entre escombros y cadáveres.
El regreso de brigadas internacionales, como las de Países Bajos, que ya se retiraron por falta de esperanza en encontrar sobrevivientes, subraya la gravedad de la situación. La desorganización estatal venezolana es criticada, con más presencia de servicios de inteligencia que de ayuda humanitaria.