Australia implementó una prohibición de redes sociales para menores de 16 años, pero seis meses después, la medida ha resultado ineficaz. Los jóvenes continúan evadiendo las restricciones, utilizando plataformas como Instagram, Snapchat y YouTube.
El gobierno australiano ha decidido endurecer las sanciones, elevando las multas máximas para las grandes tecnológicas a casi 68 millones de dólares, aunque se considera una cifra mínima para estas empresas. Se critica la falta de poder otorgado a la comisión eSafety para controlar efectivamente a las plataformas y se cuestiona la efectividad de endurecer las penas como solución.
Este escenario podría expandirse globalmente, ya que el uso de redes sociales en menores se asemeja cada vez más a una adicción, similar a lo que ocurrió con el cigarrillo en su momento, planteando la necesidad de abordar el tema de manera integral y no solo a través de prohibiciones.