Se critica la "teoría del derrame" y se la compara con el derecho de pernada, donde los poderosos controlan la tierra y los demás solo pueden plantar en pequeñas parcelas.
Se argumenta que la desgracia de la mayoría de los argentinos es haber nacido pobres o clase media, mientras que una minoría se beneficia. Se rechaza la idea de esperar las "sobras" de los poderosos y se afirma el deseo de ser "poderoso" en un sentido más amplio que el económico.