Se analizó la vigencia de la ley de Dios a la luz de la salvación por gracia a través de Jesucristo. Se aclaró que Jesús no vino a abolir la ley, sino a cumplir sus propósitos, y que sus principios éticos siguen siendo relevantes para los cristianos.
La ley sirve como guía para agradar a Dios y vivir una vida recta. Por ejemplo, los mandamientos como "no matarás" o "no robarás" siguen siendo válidos. Sin embargo, los rituales y fiestas de la ley mosaica, como la Pascua, fueron cumplidos en Cristo, quien es el Cordero de Dios.
Ser libre de la ley se refiere a la salvación, no a la exención de seguir sus preceptos morales. La ley ayuda a comprender la voluntad de Dios y a vivir conforme a ella, honrando a Cristo como el Cordero que quita el pecado del mundo.