Se profundiza en la historia de Salvi, el niño de La Plata con una notable pasión por el fútbol. Sus padres, Eugenia y Santi, comparten detalles sobre cómo inculcaron esta afición desde temprana edad.
Santi comenta que siempre soñó con tener un hijo futbolero, educado y agradecido, y Salvi cumple esas expectativas. Eugenia añade que, desde que Salvi empezó a hablar, demostró una gran capacidad de escucha y recepción de información, además de un interés temprano por escribir y conocer números y colores.
La familia relata que Salvi fue llevado a la cancha de Estudiantes a los dos meses de edad, y a los seis meses ya alentaba apasionadamente. Se destaca la fuerte conexión de Salvi con el fútbol, vivida como una pasión genuina y no como una simple repetición.