Se afirma que la conciencia nace en el cerebro y el sistema nervioso, basándose en la evidencia de que daños cerebrales afectan la conciencia.
Se considera que esta postura es la más razonable para tomar decisiones legislativas y éticas, aunque se reconoce la existencia de debates filosóficos sobre la posibilidad de conciencia en otros elementos.
Se concluye que la ciencia avanza en la comprensión de la conciencia, a pesar de las dudas y debates que aún persisten.