Caminar en contacto con la naturaleza genera calma y bienestar, algo que ahora está avalado por la ciencia. Estudios confirman que esta práctica reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
La conexión innata con los espacios naturales, conocida como biofilia, hace que nuestro cerebro reconozca estos entornos como seguros, disminuyendo la ansiedad y el estrés. Los especialistas recomiendan paseos por espacios verdes como complemento de tratamientos médicos.