La celebración del Hue Tripantú, el Año Nuevo de los pueblos originarios, marca el reinicio del ciclo solar y la renovación de la vida, coincidiendo con el solsticio de invierno.
Nuestros ancestros observaban este cambio en la naturaleza, simbolizando el triunfo de la luz sobre la oscuridad y la purificación de la tierra para la primavera.
A pesar de la imposición cultural de un año nuevo no originario del hemisferio sur, los pueblos originarios continúan celebrando sus ciclos naturales.