Se aborda la importancia del crecimiento en la fe para glorificar a Dios, rechazando la idea de 'cristianos bonsai' que permanecen estancados espiritualmente. Se cita el ejemplo de Abraham, cuya fe se fortalecía día a día, lo que le valió ser llamado 'amigo de Dios'.
Se define la fe como creer en Dios y en el cumplimiento de Sus promesas. Se utiliza el caso de Abraham, quien creyó a Dios al ser prometido padre de multitudes a pesar de su edad y la esterilidad de su esposa, y Dios cumplió su promesa.
Se enfatiza que las maravillas de Dios en la vida de los creyentes deben captar la atención de la gente hacia Dios. Si los creyentes viven como el mundo, inmorales e injustos, no glorifican a Dios ni atraen a otros hacia Él.