La situación en Venezuela se agrava tras el terremoto, con hospitales colapsados y escasez de suministros médicos y agua potable, según la Organización Mundial de la Salud.
La crisis económica, social y política preexistente se profundiza, dificultando las tareas de rescate y atención a los heridos.
Se reportan historias paralelas a la tragedia, como la falta de combustible para maquinaria de rescate y el hallazgo de dinero por parte de algunos agentes, lo que derivó en detenciones.