En medio de la crisis económica, la venta de cabello humano se ha convertido en un método de subsistencia para algunas personas, con carteles ofreciendo hasta un millón y medio de pesos por kilo.
Esta práctica, que ha existido siempre pero se intensifica en tiempos de crisis, genera debate sobre su legalidad y las condiciones en que se realiza, con ofertas difundidas en barrios populares y redes sociales.
Profesionales del sector indican que el negocio principal radica en la elaboración de cortinas y extensiones a partir del cabello comprado, que luego se venden a precios significativamente mayores a los clientes.