Desde hoy, 1 de julio, los aumentos en el transporte público de colectivos y trenes ya impactan en el bolsillo de los argentinos. Los testimonios recogidos en la calle reflejan la preocupación y resignación de los usuarios, quienes deben destinar una parte cada vez mayor de sus ingresos a los pasajes.
Una de las consultas realizadas a los pasajeros reveló que gastan entre 30.000 y 40.000 pesos semanales en la SUBE, suma que ahora deberá incrementarse. La situación se agrava para quienes, como una enfermera de 20 años, llevan un año sin aumentos salariales y destinan más de 100.000 pesos mensuales al transporte para ir a trabajar, utilizando hasta seis colectivos diarios.
La Secretaría de Transporte de la Nación emitió un comunicado informando que la tarifa social se mantiene, pero aplicándose sobre la tarifa vigente al 30 de junio. Esto significa que el descuento será menor y el último aumento queda fuera de la actualización del beneficio, generando incertidumbre sobre si se actualizará en el futuro o si continuará licuándose como ocurrió con el bono jubilado.
El ajuste del 4% en los colectivos duplica la inflación de mayo (2,1%), mientras los salarios no logran equipararse ni siquiera a esa cifra, evidenciando una brecha cada vez mayor entre los costos del transporte y la capacidad adquisitiva de los trabajadores.