Se reflexiona sobre la necesidad de recuperar el don de lenguas, tal como se ejercía en el día de Pentecostés, para que los misioneros puedan predicar el evangelio sin la demora de aprender idiomas. Se menciona que Pablo en Primera de Corintios habla sobre las lenguas y la interpretación, pero enfatiza que el amor es lo más importante y duradero.
Se argumenta que el don de lenguas bíblico, que permitía hablar idiomas desconocidos sin haberlos estudiado, sería muy beneficioso para la labor misionera, ahorrando años de aprendizaje. Sin embargo, se compara con el don de lenguas actual, sugiriendo que podría no ser el mismo.
El programa concluye con una oración para que este don sea derramado nuevamente y para que la iglesia pueda predicar el evangelio de manera más eficiente, sin perder tiempo en el aprendizaje de idiomas.