Las olas de calor en el hemisferio norte, especialmente en Europa y Estados Unidos, se intensifican como consecuencia del calentamiento de los océanos y la influencia del fenómeno del niño. Se advierte que la temperatura promedio mundial podría alcanzar los 2 grados, un límite crítico.
Este escenario es un claro indicio de cambio climático, con potenciales consecuencias como sequías extremas y hambrunas. La situación actual es descrita como límite, requiriendo atención inmediata para evitar un deterioro mayor.