La franja de Gaza atraviesa una grave crisis de agua, afectando a 1.1 millones de niños que tienen dificultades para acceder a agua potable. La infraestructura está dañada, escasea el combustible para las plantas de tratamiento y los camiones cisterna no pueden acceder a todos los campamentos.
En este contexto, Mohamed Zayed, un desplazado del norte de Gaza, encontró un pozo con agua dulce a solo cuatro metros de profundidad en un campamento de desplazados. A pesar del escepticismo inicial de sus vecinos, el pozo se convirtió en una fuente vital para la comunidad, aliviando parcialmente la sed y permitiendo a los niños enjuagarse después de bañarse en el mar.
Zayed, quien antes de la guerra era agricultor, también ha utilizado el agua del pozo para intentar sembrar, adaptándose a las difíciles circunstancias. Si bien el pozo no ha resuelto la crisis por completo, representa un milagro y un símbolo de esperanza en medio de la devastación, demostrando la capacidad de resiliencia de los palestinos.