El caso de Hernán Gil, un vigilante de 47 años atrapado durante una semana tras el terremoto en La Guaira, Venezuela, se ha convertido en un símbolo de esperanza.
Gil se encuentra en la garita de seguridad de un centro comercial, donde contaba con comida y agua, lo que habría contribuido a su supervivencia. Equipos internacionales trabajan en su rescate.
La situación contrasta con la desesperación de otros familiares que solo esperan encontrar víctimas fatales, y pone de manifiesto la lenta respuesta del gobierno venezolano.