Irán exportó más de 50 millones de barriles de crudo, generando aproximadamente 3.500 millones de dólares. La tasa de exportación alcanzó los 3,4 millones de barriles diarios, duplicando la cifra previa al conflicto.
Este aumento no es casual, ya que Irán desplegó decenas de buques que estaban inactivos o con transpondedores apagados, liberándolos simultáneamente tras la apertura del estrecho de Ormuz. El destino principal de estas exportaciones es China, que ha sido el principal comprador a precios de descuento durante los años de sanciones.
Irán busca evitar quedar expuesto nuevamente antes de la expiración de la autorización estadounidense el 21 de agosto o ante una posible reimposición de sanciones o un nuevo cierre de Ormuz, acumulando ingresos y vaciando sus reservas flotantes.