Se critica la paradoja de quienes se presentan como defensores del feminismo y la lucha contra el patriarcado, pero que al mismo tiempo silenciarían o minimizarían casos de violencia de género dentro de su propio entorno. Se menciona a Nacho Levi como ejemplo de alguien que, a pesar de su discurso, habría ejercido violencia psicológica.
Se cuestiona la coherencia de figuras y agrupaciones que denuncian la "ultraderecha" y el "macho", pero que no aplican el mismo rigor a casos internos. Se sugiere que existe un "doble discurso" y que la radicalización del feminismo podría estar generando reacciones adversas, llevando a la aparición de figuras como Milei.