El Cura Roquero relata su temprana fascinación por la música rock, influenciado por artistas como León Gieco, Pappo y Charlie. A los 12 años ya armaba sus primeras bandas y estudiaba música.
Ingresó al seminario a los 22 años, pero tuvo un parate de ocho años. Confiesa que no era creyente y que la muerte de su padre a los 7 años lo llevó a cuestionar la bondad de Dios. Un incidente durante la colimba lo hizo reflexionar sobre la existencia de algo más allá, y un amigo lo llevó a tocar para unos inundados, momento en el que sintió la vocación sacerdotal.