Se insiste en la idea de que un sector de Argentina siente malestar por los logros de Messi, vinculándolo a la falta de capitalización política de la victoria mundialista por parte de Alberto Fernández. Se critica como "simplona" y de "chatura intelectual" la postura de quienes critican a Messi solo por no haber ido al balcón de la Casa Rosada.
Se argumenta que el desagrado hacia Messi trasciende la mera cuestión deportiva y se relaciona con una supuesta falta de pensamiento "progresista de izquierda", como se mencionó en referencia a Mbappé. Se cuestiona la lógica de criticar a un deportista por cuestiones políticas ajenas a su desempeño en la cancha.