Se destacó la tristeza y el sentimiento de injusticia de los trabajadores despedidos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA), quienes consideran un sueño cumplido haber trabajado en proyectos de esta índole y aportar al país. A pesar de los sueldos bajos, su vocación y ganas de contribuir los mantenían en sus puestos.
Se expresó la dificultad de sentir que vale la pena quedarse en el país ante este tipo de situaciones. Se enfatizó que estos científicos son altamente especializados y requeridos internacionalmente, lo que hace aún más dolorosa su falta de valoración en el ámbito nacional. La situación actual genera desánimo y cuestionamientos sobre el futuro del sector científico-tecnológico.