Se cuestiona la designación de Adorni como vocero presidencial, argumentando que no estaba preparado para el cargo y que su defensa pública solo lo perjudicó. Se compara esta situación con designaciones de otros funcionarios, como la de Insaurralde por parte de Kicillof y otras por Cristina Kirchner, calificando a algunos de "delincuentes".
Se debate sobre la responsabilidad que recae sobre el presidente y otros líderes políticos al momento de elegir a sus colaboradores, reconociendo que pueden equivocarse en la elección.
Se menciona que la defensa de Adorni durante 112 días, a pesar de las explicaciones que lo "hundían más", demuestra una falta de criterio y un desconocimiento de la comunicación.