Se recalca la importancia primordial de la vida espiritual por encima de los logros profesionales. Se advierte que el éxito profesional o académico no es lo más importante para salvar la vida o la de los hijos.
Lo fundamental es que los hijos, y uno mismo, amen y teman al Señor, desarrollando una relación personal con Él. Se considera que ser un hombre o una mujer temerosa de Dios es lo más importante, ya que esto asegura que todo irá bien, cumpliendo la promesa divina.