Paraguay se consagró campeón tras vencer a Alemania en la tanda de penales, logrando así uno de los mayores triunfos de su historia futbolística.
El director técnico Gustavo Alfaro arengó a sus jugadores antes del partido, pidiéndoles que salieran a la cancha como 26 guerreros y que se retiraran como leyendas, un objetivo que finalmente alcanzaron.
Las celebraciones se extendieron por todo el país, llevando al presidente Santiago Peña a decretar feriado nacional para que los ciudadanos pudieran continuar los festejos.
Las calles de Asunción se llenaron de multitudes que siguieron el partido en pantallas gigantes, y la euforia se extendió por toda la nación, con gente celebrando en sus hogares y en espacios públicos.