Se relatan historias de argentinos que han realizado viajes extremos para seguir el Mundial en Estados Unidos, utilizando medios de transporte poco convencionales como motos o bicicletas, e incluso vendiendo sus autos para poder estar presentes.
Se destaca la gran extensión territorial de Estados Unidos y cómo en algunas zonas el conocimiento sobre el evento deportivo es escaso, mientras que en otras la pasión se vive intensamente.