Se argumenta que la sociedad argentina, a pesar de las dificultades económicas y el "disparate" de la política, tiende a poner límites a los excesos.
Se compara la situación actual con momentos históricos como el menemismo y el kirchnerismo, donde también se observó esta tendencia social.
Sin embargo, se advierte que si bien la sociedad es buena para poner límites, existe una dificultad para construir buenos dirigentes.
Se concluye que, a pesar de las veleidades políticas, Argentina se mantiene como una sociedad libre, liberal y democrática, sin presos políticos ni exiliados.