Japón tuvo una oportunidad clarísima para aumentar la ventaja, pero Nakamura desperdició una triple atajada providencial del arquero brasileño Suzuki y luego una opción de pase que podría haber significado el 2-0.
La jugada se describe como un "minuto de locos", donde Japón estuvo cerca de sentenciar el partido. La defensa brasileña quedó expuesta y el arquero Suzuki se erigió como figura al evitar varios goles en una misma acción.
Se resalta la importancia de esta oportunidad perdida para Japón y cómo la suerte ha salvado a Brasil en esta ocasión, manteniendo el marcador 1-1.