Gisela Bernal insiste en que la casa en disputa es suya, tras haber ganado en ambas instancias judiciales. Rechaza cualquier contacto con su expareja, Ariel Diwan, a quien acusa de realizar declaraciones graves y provocadoras.
Bernal afirma que los rumores y mentiras siempre provienen del "otro lado" y que ella solo se limita a responder. Considera que ciertas personas y vínculos pertenecen al pasado y ya no le importan.
La situación legal de la casa aún tiene puntos por resolver, pero Bernal se muestra firme en su postura. Se menciona la posibilidad de que la casa sea rematada si no se llega a un acuerdo o si persisten las deudas.