Cristiana Schaffenberg, una alemana de 70 años, asume como alcaldesa del pueblo español La Cierva, que cuenta con solo 22 habitantes, para evitar su desaparición.
La exdirectora de colegio se encarga de tareas como mantenimiento, recogida de basura y reparación de la red de agua de forma voluntaria, buscando mantener vivo el pueblo y atraer nuevos residentes.
La iniciativa busca dar sostenibilidad a La Cierva, enfrentando el éxodo rural y la preferencia por la vida urbana, con el apoyo de residentes como Jesús, un pastor de ovejas, y Jorleni, una inmigrante hondureña que dirige el bar local.