Se describe la inminencia de un "desbordamiento" de los cielos y una "lluvia abundante" del Espíritu Santo, que traerá consigo la transformación de vidas, hogares y naciones. Se anima a los creyentes a seguir orando, luchando y esperando, sin rendirse ante las pérdidas, ya que el desbordamiento está a punto de llegar y los cielos se abrirán.
Se anticipa la quebrantación de fortalezas de Satanás, la recuperación de la pureza y autoridad espiritual de la Iglesia, y la rendición de las voluntades humanas. La esperanza reside en experimentar el más grande mover espiritual de todos los tiempos, donde Dios será el tema de conversación de todos, y las almas tendrán inquietudes espirituales.