Las ganas de consumir algo dulce pueden estar relacionadas con no haber desayunado, con la calidad del desayuno o con lo que se consume a lo largo del día. Es importante diferenciar entre el hambre real y el hambre emocional.
Llegar con hambre o con niveles de insulina elevados puede generar un deseo de consumir azúcares. La ansiedad o situaciones emocionales también pueden ser desencadenantes. Aunque se consuman proteínas, si hay un malestar de base, es necesario identificarlo.
Se recomienda consumir lo que se desea, ya que reprimirlo puede llevar a un consumo mayor posteriormente. Si las ganas de dulce persisten y tienen un origen fisiológico, puede deberse a la falta de carbohidratos, especialmente si se ha entrenado o se evitan desayunos como parte de un ayuno intermitente.