El relato del turista damnificado en Miami revela una posible connivencia entre el personal de estacionamiento y las grúas, sugiriendo un esquema de corrupción.
Según el testimonio, se avisaba a las grúas sobre autos estacionados en zonas específicas, y el personal de ambos servicios se repartía las ganancias (50-50).
Este método, calificado como "coima" (soborno), explicaría por qué los autos eran remolcados sin previo aviso claro, generando un perjuicio a los turistas que buscaban disfrutar de la ciudad.