Los clubes argentinos, con más de un siglo de historia, se convirtieron en instituciones de construcción ciudadana, fortaleciendo el capital social de las comunidades. Muchos deportistas destacados de equipos argentinos provienen de clubes de barrio, donde encuentran sus primeros espacios de desarrollo.
Esta vibrante vida asociativa, que supo ser muy poderosa en Argentina, se caracteriza por la movilización de la sociedad civil en áreas donde el Estado no llega, como la cesión de instalaciones a escuelas públicas. A pesar de que el impulso igualitario pueda eclipsarse, los clubes siguen siendo instituciones vitales que sobreviven en muchos barrios y ciudades.