El caos y la desorientación se apoderan de las personas durante un terremoto, dificultando la aplicación de los protocolos de seguridad. Se cuestiona si la población está preparada para actuar ante un sismo de gran magnitud.
Se recuerda que Buenos Aires no es ajena a los temblores, mencionando sismos ocurridos en 1988 y 1977. La pregunta clave es si la ciudad está preparada para un evento de esta naturaleza.