Javier Fernández Lima reflexiona sobre el horror de pensar que un hijo de 16 años desaparezca tras salir de casa y que la verdad tarde 41 años en salir a la luz. Describe la inmensa tristeza que ha marcado sus vidas.
A pesar de que la aparición de los restos trajo un atisbo de cierre, la familia aún no puede cremar el cuerpo de Diego por disposición judicial, lo que añade una capa más de dolor a su proceso.