Los rescatistas en Venezuela trabajan arduamente para encontrar sobrevivientes del devastador terremoto. La prioridad es remover escombros manualmente para no poner en riesgo a posibles personas atrapadas en burbujas de aire.
La ventana para encontrar vida se cierra cada vez más, y la deshidratación se presenta como el mayor peligro para los atrapados, superando incluso la falta de alimentos. Se estima que una persona puede aguantar entre 4 y 6 días sin agua.
El estrés postraumático y la desesperación se suman a las condiciones extremas, afectando tanto a los atrapados como a los rescatistas. La falta de recursos y la magnitud de la catástrofe plantean desafíos monumentales.