La crisis en Venezuela se agrava con la aparición de saqueos y actos de rapiña en medio de la devastación causada por el terremoto. La desesperación y la falta de control estatal propician la delincuencia.
Se teme que la situación de anarquía aumente en los próximos días, sumándose a la amenaza de epidemias y la escasez de recursos básicos. La solidaridad inicial se ve empañada por actos de violencia y oportunismo.
Los rescatistas y voluntarios que trabajan en la zona denuncian la falta de apoyo estatal y la burocracia que dificulta la llegada de ayuda internacional. La prioridad debería ser la asistencia humanitaria, pero la inseguridad y el caos priman.