El programa analiza la figura de Rosas en el contexto de la formación del poder ejecutivo en Argentina, contrastando la ausencia de la figura del rey con la invención de una autoridad unipersonal. Se discute cómo esta nueva criatura, que ya no goza de legitimidad teológica, no puede dotar de unidad al cuerpo político.
Se explora el miedo al despotismo y al desborde de poder, tanto de "los muchos" como de "uno solo", y cómo la soberanía popular genera temor a la dictadura de una mayoría o al despotismo unipersonal. Se menciona que el poder ejecutivo nace frágil, como poder delegado, pero adquiere fuerza cuando habla en nombre del pueblo, como en el caso de Rosas.
Se detalla el origen de Rosas como hacendado y su posterior incursión en la política tras el fusilamiento de Dorrego. Se describe cómo adquirió habilidades políticas y el gusto por el poder, aprendiendo sobre la marcha y descubriendo su capacidad para domesticar a la dirigencia política a través de la seducción y la presión.