Se aborda la idea de que ser perseguido por hacer lo correcto es una bienaventuranza para los cristianos, ya que el reino de Dios les pertenece.
Se explica que en la vida cristiana, al portarse bien y actuar correctamente, es probable que otros actúen de manera hostil, ignorando o excluyendo a quien obra bien. Se menciona el caso de un cristiano en una oficina pública que, por trabajar correctamente, es aislado por sus compañeros.
Se concluye que, a pesar de las puertas que se cierren o el distanciamiento social, quienes son perseguidos por hacer el bien recibirán las promesas de Dios.