Paraguay demostró un estilo de juego característico, enfocado en la defensa y el aprovechamiento de sus argumentos futbolísticos para lograr la victoria.
El equipo marcó un primer gol y supo aguantar el resultado hasta los penales, donde el arquero Orlando Gil se erigió como figura clave para asegurar la clasificación.
Este planteamiento defensivo y la solidez en la tanda de penales fueron determinantes para el avance de Paraguay en el torneo.