Se aborda la importancia de tener un corazón puro para poder ver a Dios, citando el Evangelio de Mateo.
Un corazón puro se define como aquel que produce cosas buenas y se mantiene libre de "basura" como la amargura, el resentimiento y la falta de perdón.
Se advierte que la amargura puede contaminar el corazón, impedir alcanzar la gracia divina y llevar al infierno. Se llama a liberar el corazón y a perdonar rápidamente, sin guardar rencores ni argumentos contra Dios. Se concluye que la vida cristiana implica ver a Dios obrar, lo cual es posible para aquellos con corazón puro.